miércoles, 23 de septiembre de 2015

"FIORINO": la marca indeleble de un símbolo de San Telmo.



FIORINO, emblema del Club San Telmo
Allá en lo alto de la tribuna de socios en el estadio de la Isla, se mantiene el viejo cartel, algo gastado y un poco descolorido con la leyenda que reza “Tribuna Fiorino”. Muchas generaciones han frecuentado sus tablones de madera, o desde hace casi 20 años, tablones de cemento… Pero muchos, quizás, nunca supieron de quién se trataba, a quién pertenecía ese homenaje de darle nombre a una tribuna. Encima, desde hace algunos sábados atrás, al acceder al portón del estadio por la calle General Rivas, se camina unos pasos y lo primero con lo que uno se cruza es con una pizarra con precios escritos en tiza, pero donde sobresale con letra estilo fileteada la leyenda “Parrilla La Fiorino”.

El verdadero nombre de “Fiorino” era Juan Sbarella y si su nombre se mantiene vigente, aún hoy, a 47 años de no estar físicamente en este mundo, es porque ha dejado una huella indeleble y al repasar su historia, nos daremos cuenta que San Telmo siempre necesitará de varios Fiorinos para continuar escribiendo su historia.
Fiorino nació un 4 de marzo de 1892 en la ciudad de Cosenza, en la región de Calabria, Italia. Su papá era capitán de un barco velero y llegaron a la Argentina en el año 1904, curiosamente cuando el San Telmo Footbal Club daba sus primeros pasos, Fiorino tenía apenas 12 años y su dialecto calabrés bien asentado. El destino hizo que su familia se afincara en el barrio de San Telmo y ser asiduos concurrentes a la vieja cancha de San Telmo en Azopardo y Garay, donde esa química entre Telmo y Fiorino nació para no terminar jamás.
En 1915, hace exactamente 100 años, Fiorino llenaba su primera solicitud de socio y desde entonces le dedicó su vida al Candombero.
En su juventud solía frecuentar el almacén de Balcarce y Cochabamba, llamado Pepín, que no era más que una continuidad del Club porque allí se juntaba una barra seguidora y solo se hablaba de San Telmo.
En el año 1922 impulsó la llegada de distintas actividades deportivas en la cancha de Azopardo y Garay. Le dio auge al atletismo, a las bochas, al básquet y sobre todo al box donde fabricó un ring con piso de tierra y se animaba a guantear con el que sea, con tal de conseguir nuevos socios.
Lo del box no fue casualidad. Apasionado por esa actividad, durante muchos años frecuentó el Luna Park donde hacía las veces de masajista de los mejores boxeadores.
San Telmo 1926. El de blanco es Fiorino
  
Hizo de todo en San Telmo. Fue aguatero, masajista, director técnico (dirigió 136 partidos oficiales), dirigente, trabajador incansable en cualquier faceta donde se requería poner el hombro: allí estaba Fiorino.
Quizás el hecho que más marcó a Fiorino con San Telmo tiene que ver con la mudanza del estadio en el años 1926. Al tener que desprenderse de Azopardo y Garay y mudar todo a la Isla Maciel, se convirtió en caudillo de esa faena. Trabajó activamente en ese traspaso, cuando los arcos fueron llevados a caballo y las chapas y madera que componían los vestuarios se cargaron a hombro cruzando el viejo puente transbordador. Durmió varios días seguidos en la Isla hasta terminar de clavar las maderas y rearmar los viejos vestuarios.
Tuvo activa participación en el amateurismo y sufrió como pocos la desafiliación (1933-1942), pero también fue uno de los primeros en dar la cara cuando San Telmo volvió a la actividad poniéndose a disposición. Fue entrenador en el amateurismo y en el profesionalismo, siendo técnico en el primer torneo ganado por San Telmo en 1949.
1949. San Telmo Campeón. El de boina es Fiorino.
Cientos de jugadores pasaron por su camilla donde ciertos cócteles farmacéuticos preparados por él mismo actuaban –o querían actuar- de superador milagroso de ciertas lesiones.
Trabajó sin claudicar en el levantamiento del estadio de la Isla. El 5 de julio de 1943 la CD le hizo entrega de una medalla de oro por su desinteresado trabajo en el Club.
Integró muchas comisiones directivas en distintas áreas.
Gracioso, pero también calentón, como todo "Tano"… En 1961 enojado porque San Telmo jugaba sus partidos con la camiseta de River (idea del dirigente Eliseo Amor), irrumpió en una reunión de CD para que se vuelva a la brevedad a jugar con la tradicional azul y celeste.
La Revista “El Gráfico” lo inmortalizó en sus páginas cuando aseguró que “en 1916 San Telmo era más grande que Boca y River juntos, porque duplicaba en asociados a esas entidades vecinas”.
Los últimos años de su vida lo siguieron viendo con esa voluntad de fierro y en más de una escena ha quedado retratado por las fotografías junto a Oscar Ringo Bonavena.
Un 22 de septiembre, pero de 1968, cuando tenía 76 años, pasó a integrar la hinchada que alienta desde el cielo y un mes después en homenaje a su pasión por San Telmo se bautizó a la tribuna que está al costado de la platea con su nombre. Una gesto mínimo que sirve para que los pibes de hoy sigan preguntando quién fue Fiorino. Simplemente un grande de esta historia, de esos que se deben imitar.
En un bar de Barracas, esta foto: Fiorino y Bonavena.

2 comentarios:

  1. Gracias Adrián. Por compartir otra buena historia de nuestra gente!

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  2. Excelente nota y material!

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