martes, 11 de noviembre de 2014

Dolor, impotencia, rabia, tristeza.

Cuando volvíamos de Ensenada tras cumplir la función que nos gusta, la de ofrecerle a la gente de Telmo las fotos y el comentario de un partido que no pueden ver, luego de poder superar piedras, tiros, gases, mala predispsición desde el inicio de la tarde en la cancha de Cambaceres nos tocó de cerca la realidad de lo que sucedió en la Isla Maciel, cuando los hinchas de San Telmo se convocaron a ver el partido en pantalla gigante por señal de internet.
Ni bien volvimos para Buenos Aires, los rumores se terminaron confirmando con el correr de los minutos y la desazón se apoderó de nuestros cuerpos. La barbarie hizo estragos. Varios hijos de puta masacraron, asesinaron a dos hinchas de San Telmo a balazos, en las inmediaciones del lugar donde se habían juntado para ver el partido y soñar con un probable festejo. Todo quedó hecho añicos. La sangre derramada empaña todo, incluso, hasta una posible consagración.
Dos seres humanos han fallecido, identificados con el azul y celeste y en San Telmo, donde muchos amamos el clima familiar y pasional como base de vida de este querido Club, nos sentimos en el fondo del tacho, de solo pensar en el dolor de sus familiares y seres queridos. No se puede agregar mucho más. No estamos acostumbrados a esto, nos indigna y hace replantear muchas cosas en la cabeza.

1 comentario:

  1. Estoy muy triste, desanimado, con mucha bronca por lo sucedido, me planteo como tantas veces como puedo llevar a mi hijo a una cancha, a un festejo si no existe garantía de seguridad. Mis condolencias a los familiares.

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