Teníamos el berretín de pedirle al que te cortaba la entrada que nos dejara "ileso" el nombre del club que venía impreso, porque eso nos iba a permitir identificar a qué partido correspondía cada entrada y después, cuando llegabamos a casa, poder escribirle al dorso el resultado del partido y los goleadores de San Telmo, que era lo que más nos gustaba. Vivimos esa etapa de nuestras vidas con inmensa pasión.
Así, treinta y pico de años después, podemos saber que le ganamos a Brown de Adrogué con gol de Miguel Angel Carbonell, por ejemplo, o que jugamos contra Puerto Nuevo en la cancha de Villa Dálmine y el gol lo hizo un tal Ávalos, o que en la propia Isla hizo un gol el hermano de Bochini, que jugaba para Defensores Unidos, pero que el Negro Leites hizo los dos de Telmo y nos habremos ido muy felices a casa no sin antes comer una porción de parado en Rancho Banchero, ritual familiar después de cada triunfo en la Isla.
Así de coloridos eran los tickets durante los años ´80 y ´90. Cada viaje fue un aprendizaje, conocer calles, estaciones de trenes, conexiones de bondis, barrios, nutrirte de ascenso puro y aplicarlo en la vida en muchas circunstancias. La primera vez en cada cancha era toda una odisea, superada la prueba y haciendo logística de la zona, la segunda ya se iba más distendido.
Algunas de las entradas nos llevan al recuerdo de decenas de historias y anécdotas en la cancha de Barracas Central cuando la salitre no le dejaba crecer el pasto y en invierno el piso era casi blanco; la de Riestra, cuando nadie jamás se hubiera imaginado que hoy con esa misma capacidad esté jugando en la A, la de Argentino de Merlo que tenías que subir un terraplén para llegar, el ticket de Deportivo Paraguayo que hacía de local en la cancha de Lugano y había que cruzar un arroyo si llegabas a la estación Tapiales... el de Defensores Unidos, de la tarde que nos ganaron una final en Maschwitz, la de Jota Jota Urquiza, mucho antes que cambien la disposición de los arcos y la de Midland, donde siempre hubo bardo, pero la primera vez llegas y te enterás que está al lado de un cementerio...
Todas vivencias de una etapa inolvidable del fútbol y nuestras vidas que ahora, con casi dieciocho años sin hinchas visitantes, se han convertido en valiosos e invaluables recuerdos.

Qué buen recuerdo que nos traes! Me acuerdo que había unos tickets con holograma o un loguito qué brillaba. Siempre trataba q lo corten del otro lado así me quedaba.
ResponderEliminarIncreíble...y también anotaba el resultado u los golpeadores. No existía Internet..
Gracias por tu mensaje. Un amigo, muy importante para que este blog exista, llegaba a su casa y dibujaba los goles en un cuaderno, goles sin tv que solo están guardados en la memoria.
ResponderEliminarEspectacular
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